La localidad segoviana de Zamarramala se alista para celebrar, del 7 al 9 de febrero de 2026, una nueva edición de la festividad de Santa Águeda, uno de los hitos más singulares del folclore castellano y una tradición considerada desde hace años Fiesta de Interés Turístico Nacional. Esta conmemoración hunde sus raíces en el siglo XIII y se ha convertido en un referente cultural que subraya el protagonismo histórico de las mujeres en la vida local.
El programa de este año combina actos religiosos, ceremoniales y populares, y volverá a poner en escena elementos que han perdurado generación tras generación, como el nombramiento de las alcaldesinas, los bailes de gala, el cambio de montera, la tajada y el simbólico ritual de la Quema del Pelele, que suele atraer a numeroso público.

Durante la presentación oficial de los festejos, las autoridades locales detallaron los reconocimientos que se entregarán en esta edición. El domingo 8 de febrero, uno de los momentos centrales de la celebración, se concederá el galardón “Matahombres de oro” a la periodista Sonsoles Ónega, distinción que tradicionalmente premia la trayectoria y la vinculación con valores representativos de esta festividad. En paralelo, la atleta segoviana Águeda Marqués será nombrada “Ome Bueno y Leal”, en reconocimiento a su carrera deportiva y a su relación con la provincia.
En la misma jornada está previsto el nombramiento de las Aguederas honorarias y perpetuas, que este año serán María José Sanz, May Escobar, Esther Mínguez y Noelia Gómez. Asimismo, el pregón oficial correrá a cargo de la comunicadora Miriam García, que será la encargada de abrir formalmente los actos.
El programa arrancará el sábado 7 con la investidura de las alcaldesinas de 2026, María Cuenca Redondo y Julia Sánchez, y concluirá el lunes 9, cuando se rendirá homenaje a las alcaldesas fallecidas durante la Santa Misa, se celebrará la tradicional tajada y se darán por finalizados los festejos tras el último baile y el cambio de montera.
Más allá del componente festivo y religioso, la celebración constituye cada año una ocasión para reivindicar la memoria y el peso cultural de la mujer zamarriega, reforzando unos códigos comunitarios que han logrado mantenerse vivos a lo largo de los siglos y que continúan convocando a vecinos, curiosos y visitantes.